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En el supermercado no compro café si no es instantáneo. En la TV, luego de presentarme el último producto que necesito para solucionar todos mis problemas, se me dice que “llame YA!”. Me atrae mucho un servicio si es expreso, rápido! Mi sociedad es “micro ondas”… aunque la pizza queda blanda y la masa de la empanada pierde el hojaldre, no importa, es más rápido.

Somos capaces de sacrificar mucho por ir más rápido, como por ejemplo el poder ocupar un asiento en el transporte público, vamos parados porque “no hay tiempo” para esperar. La pregunta es, ¿A dónde queremos llegar? Vamos más rápido pero ¿Hacia dónde? A propósito de esto; el fin de semana pasado encontré entre mis cosas guardadas mi primer laptop o computadora portátil (como quieran llamarle). La compré hace exactamente 17 años. Es gorda, pesada, su pantalla es chica y para abrir cada programa tarda lo que parece una eternidad. Hace mucho ruido y tiene poca memoria… Me parecía que hoy no podría esperar los tiempos de la que una vez fue “mi computadora nueva y de última generación”. Mi computadora portátil actual, en cambio, es mucho más rápida, de diseño compacto, silenciosa y todo lo que se le puede pedir a un dispositivo de este año. Lo cierto es que en aquella vieja laptop escribí mis trabajos de investigación, mis apuntes de la universidad, mis primeros ensayos y hasta las tesis con las que terminé mis estudios. Tener una computadora más rápida no me ha hecho tener más tiempo para dedicar a lo que me gustaba hacer… en aquel tiempo lo tenía.

No recuerdo la última vez que cuando un amigo me preguntó si tenía tiempo le respondí con un “sí!” sin pensarlo dos veces. No recuerdo cuándo fue la última vez que me sobró tiempo durante una semana para tirarme al sol, leer un cuento, salir a caminar temprano o despertarme sin usar alarma porque ya había dormido lo suficiente. En cambio, sí recuerdo bien el tironeo interno que sentí esta mañana entre levantarme y seguir durmiendo… También tengo muy presente cómo me frustran los SÍ que ofrezco aceptando más de lo que puedo hacer para luego enojarme conmigo mismo.

Y me quedé tildado, pensando, allí junto a Salomón, que entendió todo esto de viejo… Y me pedí a mi mismo que no me lleve tanto tiempo…

“Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su tiempo… todo tiene su hora… Dios hizo todo hermoso a su tiempo… Entendí que cuanto Dios hace , permanece para siempre, y nada se le puede añadir ni quitar…” (Eclesiastés 3:1,11,14)

Que el próximo sorbo de café se dé disfrutando su sabor, su aroma, su momento.

Que la próxima charla sea sin apuro, sin tironeo, sin manipulación.

Algo muy bueno va a llegar a SU tiempo, si le dedico el MÍO. 

4 pensamientos en “No tengo tiempo!

  1. Me voy a preparar un rico mate en este maravilloso día de sol feriado !, y me lo voy a tomar en la terraza … gracias Nestor Bruno !!, por tus hermosas palabras amigo

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