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Los colores de Caminito. La pintura al fileteado y el empedrado de San Telmo.  9 de Julio, el obelisco, calle Corrientes, los teatros y las luces.  Puerto Madero, Los Inmortales, El palacio de la papa frita y las medialunas y un cortado… 

Cuando escucho un bandoneón  y veo una pareja bailando tango, no puedo evitar pensar en los barrios porteños.  Allí la sonrisa de Evita saluda eternamente y el cabildo se llena de historia luego de cada visita a Plaza de Mayo. Todo tiene aroma a Buenos Aires.  ¿Qué tiene aroma a tu ciudad, nos dejarías un comentario?

Todo lo anterior forma parte de la identidad de la ciudad.  Todo está profundamente enraizado en la identidad porteña, en este caso.  Una cuestión al fin y al cabo de pertenencia e identidad.  Las religiones también tienen cuestiones que las identifican.  Algunos llaman a los “Santos de los Últimos Días” Mormones, porque predican el mensaje del libro de Mormón, o se los conoce como “los chicos jóvenes con acento americano que andan de camisa blanca…”.  A los pentecostales se los conoce por caer al piso en sus cultos y por hablar en lenguas especiales, llamadas angélicas.  Los testigos son conocidos por su literatura y tal vez por no donar sangre.  Los Adventistas por guardar el sábado y no comer puerco o carnes en general.  Así podríamos seguir la lista.  La gente reconoce a un grupo en base a algunas cosas que le llaman más la atención, tal vez porque son diferentes a la mayoría.  

En el libro de Hechos encontramos la historia de los apóstoles luego de la partida de Jesús a los cielos.  Tanto hablaban de Jesús, y del Cristo resucitado, que lo que pasó a ser llamativo y diferente fue la constante noticia de que Cristo estaba vivo y era nuestro salvador.  Frente al Sanedrín “les reconocieron que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13) aunque no tenían educación y eran gente común.  Tan notoria era la presencia de Cristo que en Antioquía los llamaron por primera vez Cristianos, nombre que hasta hoy seguimos manteniendo.

Me gustaría decir que lo que más llama la atención en nuestras iglesias es el mensaje de Cristo y su presencia en nuestras vidas.  No estoy tan seguro de eso.  Hoy en día no sé si nos hubiesen llamado así a nosotros.  Tal vez religiosos, o tal vez de alguna otra manera.  Al fin y al cabo todo es un asunto de identidad e identificación.  Recuperar el sentido original tendrá que ver con lo que hagamos hoy, durante las horas de este día, para volver a llevar el nombre de Jesús sobre nuestra vida.  Tendrá que ver con vivir triunfos y fracasos, y cualquier otra cosa, pero cerca de Jesús.  

2 pensamientos en “Tango y bandoneón

  1. Aroma a café si, y a cemento transitado, a veces a madera y hojas de árboles que decoran las calles con adoquines. Tan colorido como sus lapachos y al mismo tiempo tan enorme y voraz: Buenos Aires. Igual de temibles me resultan a veces nuestras costumbres religiosas, cuando nos distraen de lo importante. Gracias por escribir y dejarnos pensando, siempre!

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