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¿Estás harto de no tener tiempo para nada?

Esa sensación desesperada de comenzar el lunes la semana, sin que el fin de semana haya hecho mucha diferencia, tiene en sus garras a miles y miles de nosotros.  Parece que el tiempo es como un poco de agua escurriéndose de nuestras manos, mientras nosotros estamos parados en el medio del desierto.  Siempre hay alguien con quien cumplir, algo que necesitamos hacer, cuestiones personales, familiares, de salud y sociales que nos miran de cerca todas pidiendo nuestra atención.  La casa, los chicos, el trabajo, los amigos, uno mismo… exigencia tras pedido, luego otra obligación y la rueda parece nunca parar, siempre gira.  La sensación es la de “no puedo más, cualquiera de estos días exploto!” y así seguimos por meses.  Plantearnos tiempos tranquilos, de meditación, de calidad, de descanso del alma y de conexión profunda con la paz Divina, imposible! Cuando Dios creó el mundo vió que lo que había hecho era bueno, y bueno en gran manera (dice Genesis 1).  Sin embargo solo bendijo y santificó el tiempo en el que reposó.  No bendijo y santificó el tiempo en el que trabajó creando, y tampoco bendijo y santificó nada de lo que había hecho.  Bendijo y santificó, tiempo!  Este no es un detalle, es el centro de la enseñanza para el hombre que recién llegaba a la existencia.

Luego de ser creado el ser humano muy pronto supo al menos dos cosas.  La primera, que se sentía solo y que necesitaba compartir la existencia con Dios y con alguien igual (así surgió la religión y la familia).  La segunda, que antes de trabajar y de merecer alguna cosa por haber hecho algo a cambio, Dios le otorgaba el sábado(reposo), sin transacción de por medio, como un regalo.   Dios bendijo tiempo, no espacio.  Dios santificó tiempo, no espacio.  Y esto tiene una razón de ser fundamental.

En las antiguas religiones lo sagrado era algo que existía en el espacio.  El Sol, la Luna, un rio, una montaña, un santuario…rápidamente cuestiones del espacio se tornaron sagradas.  Sin embargo, por 2300 años, hasta la construcción del santuario, los hijos de Dios no tuvieron lugares sagrados, sino más bien tiempo santo.  El mensaje es uno de gracia, de aceptación y de perdón.  Es que no importa donde estés o como estés, el sábado te llega.  Podés estar en la India, en Kuala Lumpur, en Punta Cana o Australia.  No importa el lugar, el sábado siempre te va a encontrar.  Podemos estar viviendo en la calle, en una mansión, con hambre o llenos de riqueza.  No importa si estás alejado de Dios o en estrecha comunión.  El sábado nos llega a todos por igual.  Sin excepción.  Otras tradiciones religiosas se encuentran con Dios en el espacio.  Peregrinan a Meca, van hacia la montaña sangrada, hacía la basílica o cualquier lugar considerado santo, sin embargo no todos pueden entrar allí.  Los ídolos, terminantemente prohibidos en los 10 mandamientos, son un claro ejemplo de querer confinar la divinidad y su presencia, a un lugar en el espacio.  El sábado fue para Israel y lo será por la eternidad para los creyentes en Dios, una catedral construida en el tiempo en donde todos podemos entrar y nadie queda fuera.  Es un antídoto contra poner lo material en el lugar que solo le corresponde a Dios.  El sábado es un tesoro para recordar que lo esencial de nuestra existencia no es tener sino ser.

Y la oportunidad de ser se da únicamente en el tiempo, y nunca a través de lo que tengo.  Nunca somos lo que tenemos, a pesar de que la doctrina que predica este mundo consumista marque esto último… (continuará)

6 pensamientos en “Una Catedral en el tiempo 1

  1. TE QUIERO AMIGO!
    esto ayuda a entender la razón de ser del sábado.
    Siempre lo sentí así y siempre lo viví de esa manera!

    Es genial saber que Dios me regalo TIEMPO! =)

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  2. Viejo, agrego un concepto: Además del “tener” que reemplaza al “ser”, creo que hoy es más peligroso el “hacer” reemplazando al ser. Hasta nos autodefinimos por el hacer (soy muy trabajador, o buen estudiante, o deportista o espiritual, o fiaca). En realidad son “hacer”, no ser. Y a Dios sólo se lo encuentra en el silencio, silencio que permite ser. Y para ello necesitamos ese precioso tiempo que permite sentir el “Silvo Apasible”. Jesús en el desierto (40 días) ni siquiera pudo leer. Se encontró con su escencia…ser. El sábado nos propone bajarnos del tener y del hacer. Un abrazo. Adrián

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  3. Tal cual adrian. En la rutina del dia a dia se vive mas para el hacer (rutinario, desinteresado, sin amor ni por lo que se hace ni para quien se lo hace) que por la esencia de uno mismo… SER. Esto lleva a que para muchos cristianos el sabado sea casi un dia mas, en donde solo se “hacen cosas” pero nunca logramos conectarnos con Dios. Soy partidario del saber encontrar el SER para poder saber que hacer (no digo que siempre lo logre jeje)

    Recomiendo una pelicula que se llama “In to the wild” … muestra y desarrolla esta idea. De hacer para ser y de ser para poder saber que hacer. Tiene un mensaje INCREIBLE para quien logre desentrañarlo. =]

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  4. ¡Qué genial! Nunca había visto el sábado desde esa perspectiva. El “hacer” eclesiástico nos lleva tantas veces a entrar en esa vorágine de actividades que se pierde de vista el verdadero Ser. Gracias Néstor por la claridad de los conceptos!!!

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