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¿Sabías cual es el mandamiento que más le repitió Jesús a los discípulos? Solemos creer que fue que se amen unos a otros, que sean unidos, que prediquen y bauticen o alguna otra cosa por el estilo.  Sin embargo es revelador lo que arroja un estudio al respecto.  Lo que Jesús repitió más a los discípulos el tiempo que estuvo con ellos fue:  “No temáis, no tengáis miedo!”.  Lo repite una y otra vez. Casi 30 veces en los evangelios.

En cierta ocasión y luego de un día muy largo de predicación y sanación de enfermos Jesús se duerme en el barco de los discípulos.  Mientras el dormía se levanta una “tempestad”.  La palabra que usa Mateo en griego es seismos que en castellano es “sismo” (Mateo iba en la barca esa noche).  La tormenta era tan fuerte que él la describe como un terremoto, y las olas tan altas que cubrían la barca. Finalmente despiertan a Jesús, porque en el medio del terremoto el dormía.  Jesús calla a la tempestad y luego se experimenta una gran calma (Mateo 8:23-27).  Lo que llama la atención es la pregunta de Jesús “¿Por que tienen miedo, hombres de poca fe?” (v. 26) La respuesta parece Obvia, los discípulos tienen miedo a la tormenta, miedo a morir, miedo a no poder salir de esta situación, miedo a pelear con todas sus fuerzas y ser derrotados por la fuerza de la tormenta, desesperación porque las cosas en lugar de mejorar, empeoran, y se están hundiendo literalmente.  Y están solos, y solos no pueden más…  Los discípulos podrían representarnos tan bien en su desesperación.

Esta semana estuve preguntando a mis compañeros de trabajo que sentían cuando experimentaban lo contrario al miedo, qué sentían cuando no tenían miedo.  Me respondieron: valentía, coraje, confianza, alegría, paz, fe, siento que puedo, etc.  Terminé pensando en lo tóxico que es el miedo, pues cuando se apodera de nosotros echa fuera cuestiones tan positivas como la fe entre otras.  Me temo que el miedo se ha vuelto una emoción muy cotidiana en nuestra vida hoy, sentimos miedo demasiado a menudo.

Y Jesús se despierta y hace lo que él solo sabe hacer, lo imposible.  Les recuerda que él tiene recursos que ellos no conocen, les recuerda que viajan con Dios (v. 27). Y Jesús nos hace entender que en las tormentas del mar de la vida él no está en el cielo, ni en la playa, él está con nosotros.  ¿Es que cuesta tanto dejarlo actuar? ¿Por qué? Será que nos preguntamos ¿Qué podría hacer él que nosotros no estemos haciendo?  Y mientras mi fé en Jesús decrece, mi miedo se levanta como una ola que ya no me deja ver el horizonte, ni la luna, ni las estrellas y lo tapa todo, absolutamente todo.

Y allí podemos estar con la Biblia juntando polvo, con las rodillas que no se doblan y con la presencia de Jesús dormida, perdida en alguna parte de nuestra historia.  Pero la buena noticia es que mientras leés esto y sentís algo que no lo generan estas líneas, sino el amor de Jesús y tu necesidad de él, Cristo está en el único lugar de tu barco en donde todavía hay paz, tanta que el puede dormir en la tormenta. Y cuando lo despertamos la tormenta que enfrentamos se va a dormir.  Se termina, enmudece, se calla, y hay “gran calma”.  

No puedo esperar hoy a despertar a Jesús y a echar a dormir mi tormenta ¿Y vos?

“Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa” (Isaias 41:10 NVI)

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